En el año 480 a.C., un ateniense llamado Temístocles se enfrentó al colosal imperio persa con una estrategia que parecía una locura absoluta. No tenía un ejército infinito ni el derecho divino de un rey, pero poseía una visión tan clara que logró convencer a sus conciudadanos de abandonar su amada ciudad para pelear en el mar. Esa jugada desesperada no solo salvó a Grecia en la batalla de Salamina, sino que redefinió para siempre lo que significa inspirar a un pueblo entero a creer en lo imposible.
¡Hola! Soy Mar. Si siempre fuiste el que organizaba las juntadas con amigos o pasaba a hablar frente al pizarrón, este espacio es para vos. Pero también lo es si preferís escuchar antes de actuar, si sos el que resuelve problemas detrás de escena o el cable a tierra que aporta calma cuando todo es un caos. Porque, seamos honestos…¿existe una única forma de liderar? En este newsletter vamos a derribar esos mitos y a explorar cómo podés potenciar tu propio estilo de liderazgo.
El motor invisible: Empezar con el “Porqué”
Para mí, liderar no tiene nada que ver con un cartel en una oficina ni con ser quien más fuerte habla en una reunión. Liderar es, fundamentalmente, una cuestión de propósito. Si alguna vez escuchaste hablar a Simon Sinek, sabés perfectamente hacia dónde voy: el famoso “empezar con el porqué”. Cuando lográs que un equipo entienda el motivo profundo detrás de lo que hace, la motivación deja de ser un empuje externo y se convierte en un motor propio. Es ahí cuando pasamos al siguiente nivel: la inspiración. De hecho, Sinek lo resume de una manera hermosa:
“Líderes son aquellos que tienen el coraje de ser los primeros y abrir un sendero para que los otros puedan seguirlo”.
Seguramente te estarás preguntando… ¿Y cómo encuentro ese porqué? Como siempre me gusta dejarte herramientas para pasar a la acción, elegí dos de mis libros favoritos del autor para desmenuzar juntos sus lecciones (¡te los recomiendo!):
Esta guía práctica nos recuerda que el propósito no es algo que se inventa un día de la nada solo para que quede lindo en una página web; el propósito se descubre analizando nuestras experiencias, caídas y fortalezas. Lo valioso de este proceso es que funciona como una brújula personal: cuando tenés claro tu norte, guiás desde la autenticidad absoluta, sin importar si tu estilo es súper extrovertido o más bien observador.
Para facilitarnos la tarea, él plantea la siguiente fórmula:
[Verbo en infinitivo] _________________ de forma que __________________
Por ejemplo, el “porqué” del propio Sinek es: “Inspirar a la gente a hacer las cosas que la motiven, de forma que, juntos, podamos cambiar el mundo”. Te invito a que hagas una pausa acá. Pensalo un minuto: ¿Cuál es tu verbo y cuál es el impacto que querés dejar en los demás? Escribilo, probalo, jugá con las palabras. Tener esa frase clara cambia las reglas del juego.
El propósito no se vive en soledad, sino en comunidad. En este libro, el autor explica que el verdadero liderazgo consiste en crear un “círculo de seguridad” para las personas. Sinek detalla que los grandes líderes no buscan llevarse los privilegios o los aplausos primero, sino que están dispuestos a ponerse al final de la fila para cuidar, escuchar y proteger a su equipo de las amenazas externas. Liderar, entonces, es una responsabilidad de cuidado que se ejerce, muchas veces, desde la empatía y el silencio.
Cuando leí estas páginas, conecté automáticamente porque resume a la perfección mi filosofía de vida: para mí, liderar es servir. Imaginátelo como una pirámide invertida: en el esquema tradicional (y obsoleto), el jefe se para soberbio en la cima; yo considero que el verdadero líder está abajo de todo, sosteniendo la base, impulsando al resto y estando, siempre, al servicio del equipo.
La trampa del cargo: Ocupar un rol vs. Liderar
Año 2010. Mina San José, Chile. Un derrumbe masivo deja a 33 mineros atrapados a 700 metros bajo tierra. En ese refugio a oscuras, con un calor sofocante y raciones de comida para apenas 48 horas, estaba Luis Urzúa.
Ante una muerte que parecía casi segura, Urzúa no se quebró por el pánico sino que hizo algo mucho más poderoso: se puso al servicio de su gente. Organizó turnos para mantener las mentes ocupadas, logró que la comida durara 17 días haciendo que cada hombre consumiera solo dos cucharadas de atún cada 48 horas (comiendo él siempre al final) y, tras 70 días, se aseguró de que sus 32 compañeros subieran primero. Él fue el último en salir.
Urzúa entró a esa mina siendo el jefe de turno, pero salió como el líder que les salvó la vida.
Existe una confusión invisible en la que solemos caer. Ocupar un rol es, simplemente, tener un título, una jerarquía formal o un casillero asignado en la estructura de una organización. Te lo da un nombramiento, un ascenso o un papel firmado. Liderar, en cambio, es una elección consciente y una conducta diaria. Liderás cuando tomás una iniciativa para mejorar algo que no funciona, cuando contenés a un compañero desbordado, cuando escuchás activamente o cuando destrabás un problema en silencio desde la base de la pirámide.
El rol te otorga autoridad formal; el liderazgo real te da la confianza de la gente.
Pero… ¿realmente existe una manera correcta de liderar?
Después de ver los casos de Temístocles o Luis Urzúa, es normal pensar que para ser líder hay que ser un héroe épico o tener una personalidad arrolladora. Pero la respuesta corta es no: no existe una única fórmula.
A mis 22 años me tocó dar ese salto y asumir roles formales de gran responsabilidad: fui Presidenta de Junior Achievement Argentina Alumni y, más tarde, la primera Presidenta de las Américas (te imaginarás la presión de representar a más de 15 países). Al principio, sentía que el rol me quedaba gigante. Nunca fui la persona más extrovertida de la clase y vivía bajo el estrés constante del perfeccionismo, dudando siempre de si estaba a la altura, si hacía las cosas bien o de si el equipo realmente se sentía cómodo con mis decisiones.
Con los años, la cancha me dio la mejor lección: el liderazgo no es un molde rígido ni un don milagroso. Es una práctica camaleónica que se pule a fuerza de cometer errores y que depende de quién seas, de tu equipo y del contexto.
A veces te va a tocar ser el visionario que inspira con un propósito grande (muy a lo Simon Sinek); otras, vas a tener que sentarte a construir consensos abriendo el debate para que todos aporten. Y muchas otras (como Urzúa en la mina), vas a necesitar la madurez de entender qué pide el barro en ese preciso momento, dando directivas claras y firmes para sacar al equipo adelante.
La clave no es elegir un estilo y encasillarte, sino descubrir cuál es tu esencia, potenciarla y aprender a flexibilizarte según lo que la realidad te demande.
Derribando los mitos del “líder perfecto”
Si abrís las redes sociales, pareciera que el liderazgo es una pasarela de éxitos ininterrumpidos. Nos venden la idea de que el líder es un jefe impecable, hiperproductivo, que jamás se equivoca y que tiene todas las respuestas. Es una versión tan romantizada como irreal, y esa presión por ser perfectos es, justamente, lo que aleja a muchas personas con un potencial enorme de animarse a guiar. Vamos a desarmar estos mitos con datos reales sobre la mesa:
La vieja escuela nos vendió la idea de que el líder debe ser el oráculo infalible de la organización. Intentar aparentar que se tiene cada respuesta solo genera aislamiento, fatiga y desconfianza en los equipos. De hecho, según el estudio global DDI Global Leadership Forecast 2025, la confianza de los empleados en sus gerentes directos cayó a un alarmante 29% debido a la falta de transparencia ante entornos inciertos. Cargar con el peso de saberlo todo pasa una factura emocional severa: el informe Gallup State of the Global Workplace 2026 revela que casi la mitad de los líderes conviven con estrés diario y soledad.
Existe la falsa creencia de que el líder es un elegido, alguien que nació con un carisma mágico e indestructible. ¡Dejemos de comprar ese mito! Estudios del comportamiento revelan que la genética solo determina el 30% de la probabilidad de ocupar puestos de dirección, dejando el 70% restante en manos del entorno, el desarrollo personal y los desafíos asumidos a lo largo de la vida. El Center for Creative Leadership (CCL) lo confirmó al descubrir que más de la mitad de los grandes directores atribuyen su éxito a una sola cosa: la práctica.
Sentir que en cualquier momento se van a dar cuenta de que “no sabés tanto” es la regla, no la excepción. La consultora global Korn Ferry descubrió que esta crisis de confianza afecta al 71% de los directores ejecutivos (CEOs). En las mujeres líderes la realidad es aún más marcada: una investigación de KPMG reveló que el 75% sufrió el síndrome del impostor en algún momento de su carrera. Al final del día, sentirse un impostor no es falta de capacidad, sino un exceso de autocrítica.
Creer que el buen líder es el que nunca duerme es la receta perfecta para el burnout. De acuerdo con el análisis de DDI sobre la prevención del burnout, el 71% de los líderes reporta que sus niveles de estrés se incrementaron drásticamente tras asumir su rol. Un líder cansado es un 34% menos efectivo, lo que impacta directamente en el rendimiento y reduce drásticamente la retención del talento de todo el equipo a su cargo.
Desafíos de trinchera: Cuatro lecciones fundamentales
A lo largo de estos años gestionando proyectos y coordinando equipos, me di cuenta de que el liderazgo se consolida en la práctica, atravesando ciertos desafíos incómodos pero cruciales:
Voces desde la acción: ¿Qué dicen otros líderes y cómo convertirme en uno/a?
Como el liderazgo real no se aprende leyendo manuales en una habitación cerrada, sino gestionando equipos en el barro del mundo real, quise traer dos organizaciones que lo cambian todo. Son comunidades de las que formé (y formo) parte, que marcaron mi rumbo como líder, donde aprendí un montón y, sobre todo, de las que me llevo amigos/as que quiero con el alma. Si sentís que es tu momento de dejar de mirar desde la tribuna y empezar a liderar tu propio camino, tomá nota:

Imaginalo como el “gimnasio de entrenamiento” para el mundo real. Es una de las organizaciones más grandes del mundo dedicada a activar el chip emprendedor en los jóvenes, enseñarles a manejar su economía y, sobre todo, a desarrollar habilidades blandas como la comunicación y la toma de decisiones. En resumen: aprendés haciendo.
Si querés empezar a mover la aguja, estos son algunos de sus programas estrella:
💡 El gran dato (mi parte favorita): Pasar por acá te desbloquea el acceso a JA Alumni, la red global que potencia a los exalumnos como agentes de cambio. Si buscás involucrarte activamente y co-crear proyectos con impacto real en todo el país, sumate. Yo pasé por ahí y te aseguro que te vuela la cabeza (no te duermas y seguí a la red local de exalumnos en @alumni_arg).
Para que veas que meterse en este ecosistema te transforma la forma de pensar, le pedí a una líder que admiro un montón que nos baje a tierra su experiencia real sin filtros: Ángela Becerra Bernal, Presidenta de JA Perú Alumni.
M: ¿Cuál es el mito sobre el “liderazgo joven” que más te saca de quicio?
A: “Que por ser jóvenes carecemos de experiencia y capacidad para tomar decisiones. La edad no nos define; al líder lo construye la suma de los diversos procesos, situaciones y desafíos que ha enfrentado. No se trata de cuántos años tienes, sino de la madurez y responsabilidad con la que asumes tus retos”.
M: ¿Cuál fue el consejo más crudo que te dio un mentor y te salvó?
A: “‘Nadie va a respetar tu tiempo ni tus límites si tú no los haces respetar’. Ese comentario me golpeó porque me di cuenta de que mi disposición constante para todo estaba siendo malinterpretada o aprovechada. Aprendí que poner límites es una herramienta esencial de autocuidado y profesionalismo”.
M: ¿Qué consejo le darías a un/a joven que quiere empezar a liderar?
A: “Define qué tipo de líder quieres ser. Enfócate siempre en convertir a otros en nuevos líderes en lugar de solo buscar seguidores. Tienes que aprender a delegar, entender que el liderazgo se construye en la práctica y mantener siempre una mentalidad abierta al aprendizaje continuo. Es un camino exigente, pero profundamente gratificante cuando logras impulsar el potencial de los demás”.

Si te queman las ganas de transformar tu entorno y debatir teorías en un café ya te queda chico, bienvenido/a a las grandes ligas.
Global Shapers es una iniciativa global del Foro Económico Mundial (World Economic Forum) conformada por jóvenes que se organizan en “hubs” locales en más de 500 ciudades para impulsar proyectos autogestionados y resolver problemáticas sociales, económicas y ambientales. Acá vas a:
🚨Datazo: Si querés dejar de mirar desde la tribuna y liderar a gran escala, ¡la convocatoria para nuevos miembros abre muy pronto! Buscanos ya en Instagram como @globalshapersba y quedate atento para no perderte la oportunidad de postularte.
Para ver cómo se vive esto desde adentro, conversé sobre aprendizajes, miedos y metidas de pata con quien hoy lleva el timón del hub: Camilo Leavi, actual Curador de Global Shapers Buenos Aires. Esto fue lo que me contó de su propia vivencia:
M: ¿Cuáles eran tus miedos cuando llegó el momento de ocupar tu rol y qué pensás ahora?
C: “Creo que el principal miedo es el que compartimos casi todos al iniciar algo nuevo: el temor a que las cosas no funcionen o a no cumplir con lo que se espera de uno. Sin embargo, hoy me doy cuenta de que solo errando se aprende. De los aciertos y las victorias uno disfruta, pero no aprende tanto; en cambio, son los tropezones en el camino los que realmente te enseñan”.
M: ¿En qué decisión o proyecto metiste la pata hasta el fondo y qué te enseñó sobre tu forma de liderar?
C: “Sin dudas fue durante la organización de uno de los Modelos de Naciones Unidas (el más grande, público y gratuito del país que hacíamos). Pecamos de optimistas y dábamos todo por sentado. A último momento nos quedamos sin el lugar y sin las sillas porque dependíamos de un solo proveedor para todo.De no haber sido por una profesora de ese momento, que le pidió ayuda al Intendente para conseguir las sillas, habríamos perdido la actividad, el proyecto y la ilusión de muchísimos chicos. Ese día me dije: “Nunca más vuelvo a armar algo sin tener todo planificado o, al menos, sin un plan A y un plan B”.
M: ¿Qué consejo le darías a un/a joven que quiere empezar a liderar?
C: “Les diría que se animen a probar. Que vayan detrás de las cosas que les resulten divertidas o desafiantes, que pregunten y golpeen puertas. Creo que de cada 100 puertas que uno toca, solo una se abre, pero la única forma de encontrarla es haber pasado por las otras 99”
Espejito, espejito: Preguntas para evaluar tu propio liderazgo
Para bajar toda esta teoría a tu propia realidad, te propongo que hagas una pausa, te mires al espejo y te respondas estas tres preguntas con sinceridad:
No necesitás enfrentarte al Imperio Persa como Temístocles, ni estar atrapado a 700 metros bajo tierra como Luis Urzúa para demostrar tu liderazgo. Tu trinchera es tu proyecto actual, tu grupo de amigos, tu espacio de estudio, tu equipo o esa idea que todavía no te animás a lanzar.
Dejá de pedir permiso y empezá a liderar desde la imperfección.
Nos vemos la próxima, ¡Un abrazo!
Mar.
PD: Si te quedaste manija con la historia de Temístocles, te tiro el dato más random de la historia: años después de salvar a Grecia, sus propios compatriotas lo condenaron por sus manejos políticos y lo exiliaron. ¿Qué hizo el tipo? Se fue a vivir al Imperio Persa (¿lógico,no?). El rey, reconociendo su enorme capacidad de liderazgo, lo nombró gobernador de una de sus provincias. Una prueba más de que el liderazgo real es camaleónico e imperfecto.
A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000