Más de la mitad de los jóvenes trabaja pero no estudia
Buenas, ¿cómo va? La educación es todo un tema. Lo decimos así, medio en automático, como quien se encoge de hombros antes de cambiar de conversación. “Es todo un tema” porque hay mil variables: presupuesto, docentes, tecnología, desigualdad, vocación, mercado laboral. Porque es más fácil admitir que es complejo que animarse a desarmarlo.
Justamente por eso vale la pena entenderlo, analizarlo y proponer nuevas ideas. Si la educación es “todo un tema”, entonces es él tema; el que define cómo trabajamos, cuánto ganamos, qué oportunidades tenemos y qué tan preparados estamos para un mundo que cambia (muy) rápido.
Así que hoy vamos a hablar de educación, convencidos de que hablar de educación es hablar de futuro. Sí, suena trillado. Pero la pregunta es menos obvia de lo que parece: ¿la escuela de hoy realmente nos prepara para el futuro laboral? De acuerdo al INDEC, más del 50% de los jóvenes entre 18 y 24 años no asiste actualmente a ningún establecimiento educativo. Muchos terminaron el secundario, pero no continuaron estudios terciarios o universitarios. En paralelo, el primer año universitario concentra tasas de abandono que pueden superar el 30%. Eso significa que para más de la mitad de esa generación, la secundaria es el último tramo de educación formal.
Entonces… ¿el problema es que la secundaria no prepara a los jóvenes para el mundo universitario o que la oferta de grado y terciario actual no satisface las necesidades de un mundo en constante evolución? Yo creo que es un poco de ambas.
Porque mientras discutimos planes de estudio, el mundo del trabajo cambió radicalmente. Se valoran habilidades digitales, pensamiento crítico, resolución de problemas, capacidad de adaptación, trabajo en equipo y comunicación efectiva. Muchas de esas competencias no se aprenden memorizando contenido, sino aplicándolo. Sin embargo, buena parte del sistema sigue organizado alrededor de materias fragmentadas, evaluación por repetición de contenidos y habilidades que poco tienen que ver con lo que después buscan los empleadores en LinkedIn.
Hoy muchos chicos aprenden a programar viendo videos de YouTube o preguntándole al ChatGPT antes que sentados en un aula.
Aun así, los datos señalan que tener un título universitario marca la diferencia. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la brecha salarial entre quienes terminaron la escuela y quienes alcanzaron un título terciario es del 63%. Seguir estudiando marca una diferencia, ¡hasta Beltrán lo dice!
Ahora bien, ¿qué estudiamos? El Observatorio del Futuro de la Universidad Siglo 21 marca que el mercado laboral demanda cada vez más carreras como Seguridad informática, Programación, Ciencia de datos, Gestión de la información, Inteligencia artificial, Robótica, Diseño multimedial, Experiencia de usuario. Aun así las carreras más elegidas hoy en día siguen siendo las tradicionales ya sea por desconocimiento o por “mandato familiar”.
Hice el ejercicio de preguntarle a la IA cuáles son las 10 carreras que no recomienda estudiar aparecen: contabilidad, administración de empresas, periodismo, turismo, abogacía, profesorado, letras, filosofía o historia del arte, ingeniería industrial, bibliotecología y artes escénicas. Pero guarda, no todo está perdido. Si estudiaste o estás estudiando alguna de estas carreras, no te preocupes. La IA aclara que no recomienda estas carreras en la medida que no se complementa con herramientas digitales que actualicen el conocimiento.
Pero vamos a suponer que elegiste una carrera que amas. Ahora el problema es terminarla. Solo el 29,6% de los estudiantes universitarios argentinos egresan en el tiempo teórico previsto. ¿Por qué? Cuando se crea un plan de estudio, se estima que un estudiante dispone de 40 horas semanales para cursar, estudiar y hacer prácticas. Pero la realidad es que más de la mitad de esos estudiantes trabajan o tienen hijos o familiares a cargo.
Entonces volvemos al punto de partida. Si más del 50% de los jóvenes trabaja sin cursar estudios superiores, ¿estamos diseñando un sistema educativo que dialogue con esa realidad? ¿O seguimos pensando en un modelo lineal —secundaria, universidad de tiempo completo, título a los 23— que no representa a la mayoría?
Tenemos una currícula desactualizada. Eso ya lo sabemos. Pero les propongo un ángulo distinto: ¿y si el problema también está en el diseño de las aulas? Según la Universidad de Salford, el diseño de las aulas impacta significativamente la educación, pudiendo mejorar el rendimiento académico y la motivación hasta en un 25%. Hay una ciencia específica que estudia cómo la infraestructura influye en nuestros procesos cerebrales. Se llama neuroarquitectura. Aulas que aprovechen la luz solar, que sumen espacios de guardado, tengan rincones para el trabajo individual pero también cuenten con mesas grandes para estimular el trabajo colaborativo. Mobiliario que se pueda apilar fácilmente para adaptar el aula a actividades más lúdicas, paredes con colores que fomenten la concentración y obviamente, aulas más tecnológicas. Todo eso nos puede ayudar a impulsar la creatividad, generan espacios que invitan al debate de ideas e incluso aumentan los espacios para compartir y así reducir el bullying.
¿No les convence el diseño? Tal vez lo próximo sí: la evidencia internacional muestra que la nutrición en la infancia y adolescencia impacta directamente en el desarrollo cognitivo, la capacidad de concentración, la memoria y el rendimiento académico. UNICEF advierte que déficits nutricionales en etapas tempranas afectan el aprendizaje y las trayectorias educativas a largo plazo. Un chico que llega al colegio sin haber desayunado, no puede mantener la atención en el pizarrón, o peor, se queda dormido en la primera hora de clase.
Entonces, cuando hablamos de abandono, bajo rendimiento o desconexión entre escuela y trabajo, también tenemos que preguntarnos si estamos mirando todas las variables. ¿Puede un sistema educativo exigir concentración, pensamiento crítico y adaptación si no garantiza condiciones básicas para que el cerebro funcione en su máximo potencial?
Este mes vamos a explorar esa brecha entre escuela y empleo; entre título y habilidades; entre trayectorias ideales y trayectorias reales, entre el Siglo XXI y las aulas del XIX. Porque si la educación es el puente hacia el futuro, vale la pena preguntarse si hoy ese puente está llegando a destino.
Nos vemos la próxima,
Emma Ferrario
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