¿Qué hacemos con el agua?
¡Hola! ¿Cómo estás?
Espero que te encuentres muy bien. Acá Max. Este va a ser mi primer newsletter en solitario, así que espero que disfrutes leerlo tanto como yo escribirlo. Vamos a lo nuestro. En esta ocasión retomaremos, en parte, la temática de la entrega anterior, donde cruzábamos ciudades, vivienda y agua, pero ahora profundizando en cómo esa intersección produce configuraciones urbanas muy distintas según el contexto.
Comenzamos por Abu Dhabi, en Emiratos Árabes Unidos, más puntualmente por su distrito cultural de Saadiyat —todavía inconcluso—, que promete convertirse en un faro global para la cultura y reconfigurar su frente costero. Seguimos por CDMX, donde la crisis habitacional se desplazó hacia un humedal estratégico para la ciudad, tensionando el acceso a la vivienda con los esfuerzos de conservación. Luego nos trasladamos a Makoko, en Lagos, Nigeria: un territorio que expone la precariedad extrema de los asentamientos informales y, al mismo tiempo, una notable capacidad de adaptación urbana, aun sin recursos ni acompañamiento público. Cerramos en Buenos Aires, en Puerto Madero, donde conviven el proceso de integración sociourbana de Rodrigo Bueno y el desarrollo de la ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors, dos transformaciones atravesadas, también, por la proximidad del agua.
La lectura debería tomarte algo menos de 10 minutos. Mientras tanto, te recomiendo este tema para que escuches de fondo.

Fuente: abudhabiculture.ae, Louvre de Abu Dhabi
Abu Dhabi quiere a la cultura en su isla
La ciudad de Abu Dhabi avanza en la consolidación de su distrito cultural en la isla Saadiyat. No se trata de un proyecto menor: es una extensión urbana sobre el frente costero diseñada para posicionarse como un polo museístico de peso global. Allí conviven gigantes como el Louvre Abu Dhabi (2017), el recientemente inaugurado Museo Nacional Zayed y el Guggenheim Abu Dhabi, de apertura inminente.
Pero Saadiyat no es solo una operación urbana; es, ante todo, una estrategia de marketing territorial. La apuesta se apalanca en el prestigio de estas franquicias culturales para posicionarse y competir en las grandes ligas del turismo de lujo y del mercado del arte. Este ecosistema se envuelve en una promesa de sofisticación —paisajes naturales, playas vírgenes y una oferta gastronómica de élite— concentrada en apenas 2,5 km². Todo esto en una isla aún en proceso de urbanización, separada del resto de la ciudad.
En su clásico Muerte y vida de las grandes ciudades, Jane Jacobs advertía sobre el error estratégico de concentrar equipamientos culturales en enclaves especializados, señalando que estos producen mayores efectos urbanos cuando se distribuyen y complementan los usos existentes en distintas áreas de la ciudad. La concentración —como ejemplifica con el Lincoln Center en Nueva York— reduce el impacto territorial de cada intervención y desperdicia la posibilidad de activar barrios diversos, como si en una partida de ajedrez se acumularan piezas clave en un único sector del tablero. En el caso de Saadiyat, esta lógica podría profundizarse por su relativo aislamiento, limitando además la accesibilidad cotidiana a estos equipamientos para amplios sectores de la población que deberán trasladarse desde otras áreas de la ciudad.

Fuente: Ciudad de México
Cuidar la Ciudad Lacustre
La crisis de la vivienda en la Ciudad de México tiene muchas caras. Más de doscientas mil viviendas se encuentran vacías en áreas centrales; muchas son inmuebles irrecuperables por haber sufrido daños en terremotos, mientras que otras podrían rehabilitarse, pero faltan inversiones para garantizar condiciones adecuadas de habitabilidad y seguridad. La ciudad también atraviesa un intenso proceso de gentrificación, concentrado en barrios como Roma y Condesa. Los fuertes incrementos en los precios de los alquileres y el desplazamiento de los hogares más vulnerables derivaron en que el Poder Ejecutivo local impulsara un proyecto de Ley de Rentas Justas y Asequibles, que aún sigue sin aprobarse.
Xochimilco es una de las 16 alcaldías de la CDMX y se ubica entre las más periféricas. Su singularidad radica en la fuerte presencia de suelo agrícola, desarrollado sobre un sistema de islas artificiales —las chinampas— construidas sobre los remanentes de los humedales sobre los que se asienta la ciudad. Es un territorio estratégico por su valor cultural e histórico —forma parte de los vestigios de la cultura azteca y fue declarado Patrimonio de la Humanidad—, por el rol que ocupa en la producción de alimentos y la seguridad alimentaria, y por su función en la recarga de los acuíferos subterráneos de los que depende la provisión de agua de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años Xochimilco se ha convertido también en una de las nuevas fronteras de la crisis habitacional, con numerosas expansiones urbanas informales sobre suelos protegidos.
El gobierno de la alcaldesa Clara Brugada fijó como uno de sus principales objetivos la recuperación de los cuerpos de agua de la Ciudad de México, y en particular de Xochimilco, en el marco del plan Ciudad Lacustre. La iniciativa contempla inversiones en equipamiento e infraestructura, mayores restricciones a las iniciativas privadas y un freno total a las urbanizaciones irregulares en áreas de conservación. El área será vigilada con tecnología satelital y contará con la colaboración de comunidades locales y trabajadores agrícolas para prevenir nuevas intervenciones sobre áreas protegidas. El objetivo es que cualquier nuevo loteo o construcción no autorizada sea detectado tempranamente y, de ser necesario, demolido con rapidez. A su vez, en urbanizaciones ya consolidadas se avanza en procesos de regularización, con rezonificación, conexión a servicios y otorgamiento de títulos. El año pasado, estos procesos alcanzaron a más de tres mil viviendas. Sin embargo, mientras persista la crisis habitacional que atraviesa la ciudad, es probable que estas tensiones se mantengan.

Fuente: Google Maps
En la entrega pasada mencionamos un parque público flotante como parte de la intervención de recuperación del Rijnhaven, en Rotterdam. No es la única estructura de este tipo instalada allí: también se construyó lo que se presenta como el primer edificio de oficinas flotante. Si bien sumar usos urbanos sobre los cuerpos de agua sigue resultando disruptivo, en los Países Bajos esta práctica se desarrolla desde hace décadas y ya existen barrios completos de viviendas flotantes. Esta estrategia permite incorporar usos —como la oferta de vivienda— allí donde el suelo escasea. Más allá del desarrollo tecnológico necesario para materializar estas nuevas formas urbanas, el marco jurídico y los dispositivos de gestión urbana asociados resultan claves para que este tipo de soluciones se integre adecuadamente a la vida de las ciudades.
La construcción sobre el agua, entendida como oportunidad, debe matizarse según los contextos en los que se desarrolla. Aunque comparte cierta quintaesencia con los desarrollos neerlandeses, el barrio flotante de Makoko, en la ciudad de Lagos, se sitúa muy lejos de ellos, tanto en términos materiales como simbólicos. Allí se recrearon técnicas tradicionales de antiguas aldeas pesqueras —viviendas de madera sobre pilotes—, pero con materiales más precarios y a una escala propia de una gran metrópolis contemporánea: más de doscientas cincuenta mil personas viven allí. La mayoría lo hace en situación de extrema pobreza y muchos aún dependen de la pesca artesanal para subsistir.
En Makoko han convivido históricamente el crecimiento descontrolado y una tolerancia oficial ambigua. Si bien en el pasado se impulsaron proyectos orientados a mejorar las condiciones del asentamiento, estos no habrían logrado implementarse por dificultades operativas. Estas iniciativas apuntaban a procesos de regeneración urbana, regularización dominial, provisión de infraestructura e impulso turístico, con el objetivo de integrar el barrio a su entorno costero, reconocer su producción social y su modo de vida. Ese enfoque contrasta con hechos que cobraron notoriedad en las últimas semanas: las autoridades de Lagos habrían avanzado en la demolición de numerosas viviendas, junto con otras estructuras que albergaban equipamientos comunitarios, como escuelas e iglesias.
Entre pobladores y organizaciones no gubernamentales se atribuyen estas acciones a un plan de renovación urbana y puesta en valor del área costera, bajo la sospecha de que se busca expulsar a los actuales habitantes. Fuentes oficiales, por su parte, desmienten estas acusaciones y justifican las demoliciones en la obligación de garantizar la seguridad, en particular por la cercanía a torres de alta tensión y la obstrucción de tramos críticos de las vías navegables. Señalan, además, que ya se habían emitido advertencias previas sobre los riesgos de ocupar esas áreas. Para las familias afectadas, el resultado inmediato es una profundización de la vulnerabilidad habitacional, sin alternativas claras a la vista.
El crecimiento de Makoko y su transformación de aldea pesquera en asentamiento informal se explican por una crisis habitacional estructural en Lagos, una ciudad en rápida expansión. Pese a haberse construido más de un millón de viviendas en la última década, el déficit persiste. Incluso bajo condiciones materiales muy precarias, estos asentamientos representan la única forma de acceso a la vivienda para la mayoría de sus pobladores. La planificación de viviendas con parámetros mínimos de seguridad, articulada con bancos de materiales y programas de microfinanciamiento, podría ofrecer una alternativa adaptativa frente al escenario actual. Esto implicaría retomar discusiones pendientes sobre qué construir, cómo hacerlo y bajo qué régimen de tenencia. Incluso en un contexto de pobreza persistente, repensar cómo se construye ciudad —también sobre el agua— podría contribuir a mejorar las condiciones de vida en un lugar como Makoko.

Fuente: Turismo, Ciudad de Buenos Aires
Mientras tanto, en Buenos Aires
Puerto Madero es un mundo dentro del mundo que es la ciudad de Buenos Aires. Su carácter de isla, al igual que en Saadiyat, refuerza su sentido de exclusividad, a la vez que la instalación de instituciones como la Fundación de la mítica Amalita Lacroze de Fortabat —diseñada por Rafael Viñoly— o el Puente de la Mujer, de Santiago Calatrava, colaboraron, especialmente en sus etapas iniciales, en dotar de prestigio al área.
De la misma manera, también alberga a Rodrigo Bueno, uno de los casi cincuenta barrios populares de la CABA. De un modo similar a lo que ocurre en las urbanizaciones informales en Xochimilco, a las afueras de la CDMX, el barrio creció en el área de la Reserva Ecológica de la Costanera Sur, que, cabe destacar, al igual que el humedal mexicano, también es un sitio Ramsar. En el año 2017 se sancionó la Ley 5798, que dio inicio al proceso de urbanización que aún continúa. Entre las complejidades de dicho proceso se destaca el hecho de que el barrio creció manteniendo una fuerte compacidad y una alta densidad habitacional. La falta de espacio empujó a que una parte de las viviendas se construyera prácticamente suspendida, o casi “flotando”, sobre el humedal que separa al barrio de los terrenos de la ex Ciudad Deportiva.
El proceso de reurbanización supuso, por un lado, la construcción de vivienda nueva para aquellos habitantes que debían ser reubicados y, por el otro, la consolidación de manzanas en parte del tejido preexistente, con el correspondiente mejoramiento habitacional. También incluyó la liberación del camino de sirga y, en ese sentido, implicó la reubicación de las casillas emplazadas sobre el borde costero para permitir el desarrollo del nuevo espacio público ribereño.
A su vez, del otro lado de ese humedal, avanza Ramblas del Plata (ex Costa Urbana, ex Solares de Santa María del Plata, ex Ciudad Deportiva de Boca), donde ya comenzaron a materializarse los futuros espacios verdes previstos en la urbanización. Si bien, además de los parques, se proyecta una trama interna de calles y paseos comerciales peatonales, las condiciones de inserción del futuro barrio —rodeado casi enteramente por cuerpos de agua y áreas con equipamientos, con tránsito de camiones y con un espacio público circundante aún subdesarrollado— hacen que la urbanización todavía corra el riesgo de convertirse en una isla dentro de la isla que ya es Puerto Madero.
Ahora sí nos vamos.
Un abrazo, y hasta la próxima,
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