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Una isla no tan paradisíaca

a1000 , 6 enero, 2026

¿Por qué hace tanto calor en la ciudad?

¡Hola! ¿Cómo estás? Espero que hayas pasado unas excelentes fiestas con familia, amigos, perrhijos y gathijos. Como es habitual en éstas épocas del año, el calor fue y sigue siendo protagonista de nuestras rutinas. Por eso, en esta edición de Más allá del render vamos a hablar de las “islas de calor urbanas”, la prueba de que sí, es cierto, en la Ciudad hace más calor del que debería.

Hablar de islas en verano nos podría remitir a un paraíso de arenas blancas, agua turquesa y un trago en la mano. Sin embargo, las “islas de calor” son algo muy diferente. Este término fue acuñado a fines de la década del ‘50, aunque los efectos habían sido reconocidos mucho tiempo atrás, y se refiere al aumento de temperatura generado en los espacios urbanos. En criollo, que la temperatura del aire y de las superficies es más elevada en las ciudades que en las áreas suburbanas y rurales. Este fenómeno se conoce como isla de calor urbano y se cuantifica por la diferencia en temperatura entre el ambiente urbano y el suburbano.

Desde ya, esto implica un desafío para las ciudades: queremos la eficiencia de la densidad urbana y la cercanía a todo lo que nos gusta, pero a la vez eso hace que tengamos más calor. Más calor es igual a más energía requerida para aires acondicionados, heladeras y otros aparatos y, claro, más incomodidad para las personas, menos ganas de salir a disfrutar la ciudad, efectos en la salud, la calidad del aire, entre tantos más.

Veamos en detalle: ¿cómo funciona el efecto “isla de calor”? 

Primero los edificios: éstos absorben el calor y bloquean el flujo de aire, que refrescaría el espacio. Segundo la falta de verde, que opera en dos sentidos: el evidente a los ojos es que sin árboles y plantas no hay sombra pero, además, sin vegetación no hay reducción de la temperatura por transpiración (sí, las plantas transpiran y la evaporación de ese agua enfría el ambiente). Tercero: las superficies oscuras y de alta inercia térmica, como el asfalto de las calles, absorben más radiación solar y se calientan más. Si a este combo le sumamos los escapes de los vehículos, las unidades exteriores de los aires acondicionados, entre otros, la calle se vuelve invivible.

Temperatura del aire en la Ciudad de Buenos Aires, de acuerdo al paper mencionado (Cimolai y Aguilar, 2025). Adivinaron: el rojo y el naranja indican calor.

Con toda esta información sólo nos queda un ítem en la agenda: ¿qué hacemos para no c***nos de calor en Buenos Aires?

La primera parte de nuestra respuesta retoma un tema que en A1000 siempre insistimos: CABA necesita más y mejor espacio verde. Sean grandes parques o plazas de bolsillo, refuncionalizando espacios o creando nuevos, el déficit de espacio verde público y accesible se combate, ni más ni menos, con más espacio verde. Experiencias e ideas para esto sobran: playas ferroviarias en desuso que podrían ser grandes parques lineales (véase la iniciativa del Parque Maldonado por ejemplo), decenas de terrenos baldíos que podrían ser plazas, predios cerrados que podrían ser abiertos, entre tantos más.

Ahora bien, con eso no alcanzaría. Necesitamos que la infraestructura y la construcción en la Ciudad acompañe esta cruzada, para evitar que ser “team invierno” se convierta en la única opción viable para sobrevivir en CABA. Tres ciudades estadounidenses avanzaron en esta línea (ya se, suelen hacer lo contrario a lo que nos gusta, pero confíen que esto está bueno): Chicago creó el programa de Green Roofs (techos verdes), para convertir las terrazas de edificios en oasis verdes, con vegetación y hasta huertas. Lo hicieron en edificios históricos y en edificios nuevos, para muy buenos resultados. Nueva York fue por una opción más acotada: NYC Cool Roofs (techos fríos), un programa mediante el cual pintan las terrazas con pintura que refleja el calor y así disminuye la temperatura. Los Ángeles, por su parte, intervino el asfalto de las calles para evitar que absorba tanto calor con su política de “Cool Pavement”. Tres ejemplos de como con intervenciones sencillas se puede contribuir a la baja de la temperatura urbana.

Durante todo enero nos van a escuchar, leer y ver en la calle hablando de este tema. Los invitamos a ser parte del debate y de todas las actividades de A1000, como siempre, para diseñar y hacer una mejor Ciudad. 

Nos vemos pronto,

Emma Ferrario

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