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EN QUE MOMENTO TENER HOBBIES SE VOLVIO PRODUCTIVO?

a1000 , 22 septiembre, 2026

No, no tenés que monetizar todo lo que hacés bien

Hace un tiempo me di cuenta de que tenemos una habilidad bastante particular: podemos convertir casi cualquier actividad divertida en una obligación.


Empezás a correr porque te gusta. Descargás Strava. Medís kilómetros. Ritmo. Récord personal. Te anotás a una carrera.


Empezás a leer. Goodreads. Objetivo: 30 libros este año.

Hacés cerámica. Te sale una taza linda.
—Che, podrías venderlas.

Cocinás bien.
—¿Nunca pensaste en hacer un emprendimiento?

Sacás fotos
.—Deberías abrirte un Instagram.

Y si además sos suficientemente bueno en algo, tarde o temprano aparece la pregunta definitiva:

“¿Y por qué no ganás plata con esto?”

Hola, soy Cami y formo parte de Global Shapers Buenos Aires. Y últimamente me encontré pensando algo bastante básico: ¿podemos hacer algo simplemente porque nos gusta? Sin ser los mejores. Sin medirlo. Sin subirlo. Sin convertirlo en contenido. Y, sobre todo, sin intentar monetizarlo.


¿Qué pasó con ser mediocre en algo?

Soy pésima cocinando. Realmente pésima. Pero, por algún motivo, soy bastante decente haciendo tortas y cosas dulces. Me gusta, me entretiene y, cada tanto, hasta me salen cosas que parecen hechas por alguien que sabe lo que está haciendo.

Y por eso ya me hicieron más veces de las que puedo contar la misma pregunta: “¿Por qué no empezás un emprendimiento?” Y la respuesta es bastante sencilla: porque no quiero.

No quiero calcular cuánto me cuesta cada torta. No quiero pensar cuánto cobrarla. No quiero tener pedidos para el sábado a las 10 de la mañana. No quiero preocuparme porque el cumpleaños de alguien depende de que mi buttercream sobreviva 35 grados. Quiero hacer una torta cuando tengo ganas de hacer una torta.


Y, sin embargo, hay algo bastante instalado en la idea de que, si somos buenos en algo (¡y encima nos gusta!), deberíamos hacer algo con eso.

Incluso el descanso puede convertirse en una tarea: Dormí ocho horas. Tomá dos litros de agua. Meditá diez minutos. Caminá 10.000 pasos. Leé 20 páginas. Y ojo: no hay nada malo con tener objetivos.

El problema aparece cuando empezamos a sentir que todo lo que hacemos necesita justificar el tiempo que le dedicamos. Porque existe otra categoría de actividades que tiene una característica bastante

La ciencia tiene una palabra aburrida para algo bastante lindo

En investigación, el ocio suele definirse como aquellas actividades voluntarias que hacemos fuera de nuestras obligaciones y que elegimos, en buena medida, porque las disfrutamos.

Y esa última parte importa. Una revisión sobre ocio y sentido de vida publicada en 2023 señala que lo que define al ocio no es tanto la actividad concreta sino la percepción de libertad, elección y motivación intrínseca: hacer algo porque queremos hacerlo.

Así que quizás pasar tres horas intentando hacer un bowl de cerámica que termina pareciendo un cenicero no sea tiempo perdido. Aunque nunca abras un emprendimiento de ceniceros deformes.

¿Y si no mejoro?

Hay una libertad enorme en tener algo en lo que no necesitás ser excelente. Podés pintar cuadros horribles. Aprender tres acordes en una guitarra durante cinco años.

Jugar al tenis y perder. Hacer tortas que nunca van a aparecer en Pinterest. Aprender un idioma y pronunciar cosas espantosas. Porque cuando el objetivo no es convertirte en el mejor, aparece otra razón para seguir: la actividad en sí misma te gusta.

Y eso se parece bastante a lo que los investigadores llaman motivación intrínseca. No hacés algo por la recompensa que viene después. La recompensa es hacerlo.

No conviertas esto en otra tarea


Acá sería muy fácil terminar con:
“Esta semana empezá un hobby.”

Pero sería bastante irónico convertir un newsletter sobre no optimizar nuestro tiempo libre en una nueva tarea para optimizar nuestro tiempo libre.

Así que no. No necesitás empezar cerámica. No necesitás comprar acuarelas. No necesitás anotarte a teatro. Y tampoco necesitás tener un hobby espectacular para contar cuando alguien te pregunta qué hacés en tu tiempo libre.

Pero si ya hay algo que te gusta hacer, quizás vale la pena hacerle una pregunta:

¿qué pasaría si no intentaras sacarle nada más?

Ni plata. Ni seguidores. Ni un récord. Ni un certificado. Solo pasar un rato haciendo algo porque te gusta.

La próxima vez que alguien mire algo que hiciste y te diga:
“Che, podrías vender esto.”

quizás puedas responder:
“Sí. Pero también puedo no hacerlo.”

Y seguir siendo mediocre en paz.

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