¿De dónde partimos los jóvenes para crear impacto?
¿Cuántas veces te encontraste con alguna problemática en tu entorno y no supiste por dónde empezar para crear una solución concreta? ¿Alguna vez se te ocurrió una solución para un problema que ves, pero no sabés por dónde empezar, qué herramientas necesitás, con quién hacerlo o cómo sostenerla? ¿Te inquieta el mundo en el que vivimos pero no sabés qué hacer para ayudar? Hola, soy Lara y hasta hace tres años, yo tenía las mismas preguntas. Sin embargo, tuve la suerte de toparme con un grupo inquieto y motivado por el impacto. Así que si te atraviesan muchas causas como a mí, te tengo buenas noticias: nos pasa a muchos y existen varios caminos para implementar todo tipo de ideas e iniciativas para cambiar la realidad que nos rodea.
Desde la Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia en 1989, que aceleró la caída del régimen comunista, hasta el levantamiento estudiantil de Soweto en 1976, que marcó un punto de inflexión en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, los jóvenes hemos ocupado históricamente un lugar central en los procesos de transformación social.

Levantamiento estudiantil en Soweto, Sudáfrica (1976): marcó un punto de inflexión en la lucha contra el apartheid, catapultando su condena internacional y acelerando el desmantelamiento del sistema de segregación racial.
Más recientemente, la Primavera Árabe mostró cómo una generación conectada logró organizar protestas masivas; el estallido social de Chile en 2019 evidenció el rol central de las juventudes como motor de un proceso político que derivó en un debate constitucional; y el movimiento Fridays for Future, impulsado por Greta Thunberg, llevó la crisis climática del margen al centro de la agenda pública global.

Las marchas de “Fridays for Future” también llegaron a Buenos Aires.
Sin embargo, hoy ese impulso colectivo enfrenta nuevos desafíos: la desconfianza en la política tradicional, la fragmentación social y el uso individualizado de la tecnología están cambiando la manera en que los jóvenes se organizan, participan y construyen impacto.
Esta transformación no es solo una percepción generacional, sino una tendencia medible a escala global. Hoy, menos del 2,8% de los parlamentarios en el mundo tiene menos de 30 años, y en la mayoría de los países los jóvenes votan menos que las generaciones mayores, aunque participan más en protestas y en debates políticos en redes sociales. En América Latina, la desconfianza hacia las instituciones convive con nuevas formas de involucramiento centradas en causas concretas, como el ambiente, la igualdad o los derechos humanos, más que en estructuras partidarias. En Argentina, más de la mitad de los jóvenes sienten que sus ideas no están representadas por la política tradicional.
Al mismo tiempo, existe una contracorriente menos visible: jóvenes que, frente a la desconexión de la vida cotidiana, el uso individualizado de la tecnología y la sensación de falta de comunidad, terminan quedando al margen de estos espacios de participación. El resultado es una juventud que no se desentiende del mundo, pero que, con experiencias muy diversas, busca —o necesita— otros caminos más flexibles, horizontales y colaborativos para transformar su preocupación en acción.
¡Pero esperá! No te estoy diciendo que no votes (al contrario: informate y hacelo siempre por favor), ni que no salgas a marchar por la causa que te mueve, ni que abandones ese sueño de ser presidente algún día. Lo que quiero decirte, en este breve comunicado digital, es algo más simple: esos no son los únicos caminos para participar en tu comunidad y crear impacto.
Spoiler: no era solo cosa mía
Como te conté antes, hace un poco más de tres años me encontré con una comunidad dedicada a transformar inquietudes en acción concreta: Global Shapers Community. La red nació en 2011, en el contexto de la Primavera Árabe, cuando el fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, advirtió que las voces jóvenes estaban prácticamente ausentes del ecosistema del Foro. En sus primeros años, los capítulos (o hubs) de distintas ciudades del mundo utilizaron la plataforma de maneras muy diversas, con resultados desiguales. Frente a ese escenario, la comunidad asumió un desafío ambicioso pero necesario: que cada hub impulsara al menos un proyecto de impacto por año.
A mi entender, esta decisión marcó un punto de inflexión. No solo buscó generar un efecto derrame de impacto tangible en las ciudades, sino también ofrecer a quienes formamos parte de la comunidad un objetivo compartido, entendiendo, como muestran muchos de los procesos de cambio que mencioné antes, que es en lo colectivo donde el esfuerzo para crear impacto se vuelve motivante y sostenible. En el caso del hub de Buenos Aires, surgieron numerosos proyectos valiosos; sin embargo, muchos otros no lograban sostenerse en el tiempo o ni siquiera llegaban a implementarse. Las razones se repetían: falta de recursos, caída del compromiso voluntario, dificultades para escalar las iniciativas. La respuesta fue concreta y pragmática: desarrollar una herramienta sencilla, completa e intuitiva que ordenara el proceso. Así nació nuestra incubadora de proyectos.
Ideas creativas meet plan de acción
La incubadora fue pensada para acompañar a los equipos en el paso de la idea a la acción. No como una receta única, sino como un marco común que ayude a ordenar, priorizar y sostener los proyectos en el tiempo. Así que acá te cuento el proceso que seguimos nosotros, que espero te pueda servir en algún momento si decidís empezar a cambiar vos mismo tu realidad.
El proceso se organiza en seis etapas, trabajadas a lo largo de distintas sesiones, con tareas concretas entre encuentro y encuentro. Pero te lo resumo en las siguientes preguntas que hay que hacer en cada paso.
1. ¿Cuál es el problema que queremos abordar?
Arrancamos por entender bien el problema y construir un enunciado claro que lo explique. Entre sesiones, el equipo investiga más a fondo y se acerca a conocer a quienes viven ese problema, que luego serán los beneficiarios de la iniciativa.
2. ¿Estamos seguros de que este es el problema?
Con la información relevada, volvemos a revisar y definir el problema, evitando enamorarnos demasiado rápido de una única solución.
3. ¿Qué ya existe y qué se puede hacer distinto?
Antes de diseñar una solución, investigamos si hay proyectos similares o alternativas en marcha. Con ese panorama completo, entramos a la etapa de diseño y pensamos distintas opciones posibles, que luego validamos con personas del hub y actores externos relevantes.
4. ¿Cómo bajamos esta idea a tierra?
Tomamos el feedback recibido y construimos una teoría del cambio: definimos qué impacto buscamos generar y qué actividades son necesarias para lograrlo y medirlo.
5. ¿Cómo lo vamos a llevar adelante?
Armamos un plan de acción concreto: asignamos responsabilidades, ordenamos tiempos y definimos métricas de impacto y posibles riesgos.
6. ¿Cómo seguimos?
Las últimas instancias están enfocadas en el seguimiento y la ejecución, acompañando los avances de cada proyecto y conectando sus necesidades con las capacidades del hub, para que la idea no se quede en el papel.
Con el tiempo, desde el hub de Buenos Aires empezamos a notar cambios significativos. Los proyectos llegaban más preparados, había más claridad sobre qué problema se estaba atacando y, sobre todo, más continuidad en el trabajo con el paso del tiempo. La incubadora no solo ayudó a ordenar los procesos, sino que también nos dio un lenguaje común y una forma compartida de encarar el impacto, algo que hoy nos distingue dentro de la comunidad Global Shapers a nivel global.

En esa misma lógica de compartir buenas prácticas, también queremos utilizar la incubadora como plataforma para la reconversión de nuestro proyecto de cabecera: STEM UP. Nacido originalmente como una propuesta de talleres en habilidades blandas, mentorías profesionales y beneficios de comunidad para mujeres en campos STEM, hoy estamos dando un paso más y repensando el proyecto como STEM(preneurs) UP. Esta nueva etapa, que se está por lanzar muy pronto, busca acompañar a las egresadas del programa de las ediciones 2023, 2024 y 2025 en el desarrollo de soluciones tecnológicas concretas, incorporando formación emprendedora, trabajo en equipo y mentorías, con el objetivo de transformar talento STEM en proyectos con impacto real. La incubadora aparece así como una herramienta clave para escalar ese aprendizaje, profundizar procesos y abrir nuevos caminos hacia el emprendimiento tecnológico.
Hoy la incubadora es una invitación abierta: a quienes tienen una idea y quieren convertirla en un proyecto real; a quienes ya pasaron por STEM UP y quieren dar el salto hacia STEM(preneurs); y a organizaciones, empresas y aliados que quieran apostar con nosotros a que el talento necesita estructura para escalar su impacto. El próximo proyecto puede estar empezando ahora: ¡Solo hace falta sumarse, animarse y construir en red!
Que el acceso no decida quién impacta
Aunque Shapers fue la plataforma que yo elegí para crear impacto, no es el único camino posible. Existen distintas iniciativas que buscan acompañar a jóvenes en el paso de la idea a la acción. Un ejemplo es el recorrido de Camila Baello, una joven de Hurlingham seleccionada como Kofi Annan Changemaker en 2024. Desde 2021, este programa convoca cada año a un grupo reducido de jóvenes líderes de distintos países a un proceso de doce meses que combina diálogo intergeneracional, mentorías personalizadas y un fondo semilla para escalar proyectos.
En ese marco, Camila impulsó Empoderando Futuros Líderes (EFL) a partir de una premisa clara: aunque muchos jóvenes queremos generar impacto, no todos accedemos a las mismas herramientas, plataformas, conocimientos o confianza para llevar una idea a la realidad. Las barreras no siempre son evidentes y pueden tomar muchas formas: desde no saber por dónde empezar a buscar financiamiento, no sentirse con la confianza suficiente para lanzar una iniciativa o no contar con el apoyo del entorno y las instituciones, además atravesadas por las desigualdades estructurales de nuestro país. Por eso, EFL está pensado para empoderar a jóvenes de distintos contextos, acompañándolos en la creación de sus propios proyectos desde un enfoque inclusivo y personalizado. Con la meta de llegar a jóvenes de distintas partes de Argentina, la iniciativa inició su recorrido en el norte del país.

La Escuela de Ciudadanía en Santiago del Estero busca generar espacios de diálogo y participación para jóvenes, abordando temáticas sociales desafiantes y fomentando la acción ciudadana.
Se realizaron talleres presenciales en tres comunidades del norte: la Escuela de Ciudadanía, una iniciativa juvenil de Santiago del Estero, y dos comunidades diaguitas de la provincia de Tucumán. Cada experiencia se diseñó a partir de conversaciones previas con organizaciones y jóvenes locales, poniendo el foco en los desafíos y prioridades que cada comunidad identifica como propios. A partir de ahí, los talleres combinaron herramientas accesibles, actividades prácticas y espacios de reflexión colectiva para acompañar el proceso de transformar preocupaciones en proyectos concretos.

Camila realizó talleres de EFL en comunidades de la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita en Tucumán (UPNDT) en alianza con la iniciativa“The Fifty Percent”.
Como resultado, los participantes se llevaron herramientas claras y aplicables para diseñar e impulsar iniciativas de impacto en sus propias comunidades. Al mismo tiempo, el espacio contribuyó a reforzar y profundizar la mirada de referentes comunitarios y organizaciones locales sobre las juventudes, no sólo como destinatarias de políticas o programas, sino como actores clave en el desarrollo de sus territorios.
Si tenés una idea, una inquietud o una causa que te mueve, podés inspirarte en este caso de éxito para que el acceso no sea el límite sino un propulsor de iniciativas. Buscar, apoyar y construir plataformas que acerquen herramientas, confianza y comunidad es clave para que más juventudes puedan transformar lo que les preocupa en acción concreta.
Bajando a tierra
Para cerrar este largo (pero espero que entretenido) camino en el mundo de las iniciativas juveniles de impacto, espero que te quedes con el siguiente mensaje. Crear impacto no es tener todas las respuestas, sino animarse a empezar, encontrar o incluso construir los espacios que transforman inquietudes en acción. Esto puede llegar en la forma de involucrarse en un centro de estudiantes, militar un partido político o una causa que te mueva o, como me pasó a mi, encontrar sentido de pertenencia en una organización sin fines de lucro enfocada en impacto.
La experiencia de la incubadora de Global Shapers Buenos Aires, de STEM(preneurs) UP y de iniciativas como Empoderando Futuros Líderes muestra algo claro: el compromiso juvenil existe, lo que muchas veces falta es acceso a herramientas, acompañamiento y comunidad para sostener las ideas en el tiempo.
No hay un único camino para involucrarse ni una sola forma de generar impacto. Existen plataformas diversas que acompañan a las juventudes desde distintos lugares. Algunas que se me ocurren son: Jóvenes por el Clima, impulsando la acción socioambiental; Youth 20, acercando voces jóvenes al debate global del G20; Malba Joven, creando espacios culturales de participación; o Junior Achievement, fortaleciendo habilidades emprendedoras y para el trabajo. ¡Pero existen muchísimas más! Todas comparten una misma convicción: cuando el acceso deja de ser una barrera, las ideas empiezan a materializarse.
El desafío, entonces, no es solo pensar soluciones, sino evitar que queden en el aire. Buscar comunidad, animarse a participar y construir en red es parte del proceso. Porque si las juventudes no ocupamos los espacios de decisión, otros lo van a hacer por nosotros. Que no nos gane el desinterés: el impacto empieza cuando decidimos involucrarnos.
Si tu idea de impacto todavía está en el aire, espero que este newsletter sea un buen manual de aterrizaje. Gracias por elegir no quedarte en piloto automático.
Lara Jedwabny
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