¿Por qué el río no es parte de nuestra vida cotidiana?
Buenas, ¿cómo va? Un saludo muy especial para todos los que pasaron enero en la Ciudad. Menos tráfico, días espectaculares pero también mucho calor y algún corte de luz. Si se perdieron nuestra activación sobre este tema, les recomiendo que revisen nuestra cobertura y nuestras ideas para una Buenos Aires más verde en @a1000arg.
Hoy vamos a hablar de una cuestión muy relacionada a cómo sobrellevar el calor: nuestro combustible básico, el agua. Prácticamente todas las grandes ciudades del mundo, aunque disten en continentes, climas y miles de cosas más, comparten una característica: se construyeron a la vera de un curso de agua. ¿Nueva York? El Hudson y el East River. ¿Londres? El Támesis. ¿Beijing? El Yongding.
Pero en Buenos Aires el crecimiento de la Ciudad se olvidó de nuestro Río de la Plata. Está ahí, pero salvo contadísimas excepciones no lo vemos, no lo usamos ni lo consideramos parte de la Ciudad. Todo esto a pesar de que el río es central para nuestra historia: sin río no habría puerto, sin puerto no existiría Buenos Aires, ¿no?
Es cierto, dirán algunos, que lo usamos cada vez que abrimos la canilla. Y es correcto, las pintorescas tomas de agua que vemos desde la Costanera proveen de agua a la Ciudad. Pero en nuestra vida cotidiana como ciudadanos, el río no es parte: no transitamos cerca ni lo navegamos, no nos bañamos en él ni aprovechamos sus costas como espacio público. ¿Para cuántos de nosotros es un plan “ir al río”?
Ojo, esto no fue siempre así. Sino miren esta imagen del balneario municipal de Costanera Sur, que existió hasta mediados de siglo.

Con el tiempo se combinaron decisiones urbanísticas, como la localización del Aeroparque o los boliches de la costanera, con la imposibilidad de acceder caminando con facilidad y otros detalles, como la falta de arbolado o baños públicos. La mixtura de usos planteada por la Ciudad en el Distrito Joven, combinando espacios públicos con otros recreativos, gastronómicos o culturales no ha terminado de despegar en la práctica, haciendo que incluso con los nuevos parques éste sea un tema pendiente para CABA.
De la misma manera, los arroyos que desembocan en el Río de la Plata, como el Maldonado, el Medrano o el Vega quedaron entubados e integrados como parte de los desagües pluviales de la Ciudad durante el Siglo XX. Pero esta no es la única alternativa. Ciudades como Seúl exploraron el camino contrario, desentubando en 2005 el arroyo Cheonggyecheon en el centro de la misma. Quizás es momento de pensar Buenos Aires en esa escala.
En el mientras tanto, A1000 va a seguir repartiendo aguas para todos los porteños con calor y discutiendo nuevas ideas para hacer del agua una pieza central de nuestra Ciudad. ¡Ojalá próximamente no hagan falta aguas sino flota-flotas!
Un saludo,
Emma Ferrario
A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000 A1000