¿Cómo deben diseñarse los bancos de una ciudad?
Hola, ¿cómo estás? Hoy te voy a hablar sobre algo muy específico. Una cosa que podría parecer casi insignificante, pero que no me puedo sacar de la cabeza. Hoy vamos a hablar de bancos. ¿La institución a la que le confiamos nuestro dinero? No, el elemento al que le confiamos nuestro descanso.
¿Alguna vez se cruzaron con esos sillones en la calle que parecen una nube, te tirás todo confiado y terminás con el culo a la miseria? ¿O se preguntaron por qué los bancos de las plazas no tienen respaldo y están en lugares completamente random sin un gramo de sombra?

La arquitectura hostil es un concepto que explica cómo ciertas estrategias de diseño urbano buscan inhibir o dificultar, intencionalmente, que las personas ocupen el espacio público. El mejor ejemplo es cuando ponen divisores en bancos que solían ser largos, sólo para evitar que las personas en situación de calle se acuesten a dormir. Es como si no bastara que no tengan un techo. Los queremos fuera de nuestra vista, porque afean el paisaje. Hacer como si no existieran.

Ojo, no siempre es maldad. También puede ser mala praxis. O simplemente querer abaratar costos. Pero me dieron ganas de investigar cuál debería ser el banco ideal para una ciudad. Así que manos a la obra.
Lo primero y principal es comprender que contar con oportunidades para sentarse es fundamental para que pueda haber estancias de larga duración en el espacio público. Si queremos que las personas pasen más tiempo en la calle, necesitamos que se sientan (jeje) cómodas.
Por eso, organizaciones como la Red de Ciudades que Caminan dicen que una buena regla es poner un banco cada 100 metros. Esto es especialmente importante para que personas mayores o con movilidad reducida también puedan moverse por la calle.
Pero hay más. En su estudio Preferencias para sentarse en restaurantes y cafés, el sociólogo Derk De Jonge descubrió que las personas prefieren sentarse contra la pared o junto a las ventanas, en lugar de ocupar una mesa en el medio del salón. ¿Por qué? Porque preferimos una buena visión de la situación, y tener nuestra espalda protegida.
Sin embargo, si se fijan bien, en las plazas suele haber bancos sin respaldo y repartidos al azar por todos lados, en medio de espacios abiertos con poca sombra. Son diseños que parecen ordenados, sobrios. Pero que se parecen más bien a la paz de los cementerios. Lugares sin vida.
Los lugares más populares para sentarse se encuentran en los costados de los espacios públicos. Es lo que se conoce como efecto de borde. Lugares donde usualmente hay algo que proteja nuestra espalda, y donde el clima es más agradable. Por eso nos gustan tanto los bancos que están bajo un árbol o frente a la fachada de un edificio o comercio.

Quizás lo más importante es que desde allí podemos tener una visión completa de la situación. Nos gusta sentir que controlamos la situación. Seguir atentamente los acontecimientos, diría el forista Carlos Maslatón. Pero desde lejos. Y si algo nos gusta, tener la oportunidad de acercarnos.
Aunque no se trata sólo de dónde está el banco. También importa la orientación. En The Hidden Dimension, Edward T. Hall analiza una serie de estudios sobre cómo la disposición de los bancos puede favorecer o no que se generen conversaciones espontáneas.
Si los asientos están situados espalda con espalda, es muy difícil entablar una conversación. En cambio, cuando los asientos están frente a frente, aparece el romance. ¿O por qué creen que en tantas películas románticas los protagonistas se conocen en los asientos de un tren? Mi favorita es, sin lugar a dudas, Antes del Amanecer.
Sin embargo, quizás la mejor opción la haya encontrado un arquitecto británico que trabajó en Suecia, Ralph Erskine. Ralph diseña los bancos en grupos de a 2, colocados en ángulo recto. Este diseño en L no obliga a las personas a verse las caras de frente, pero permite que las personas empiecen la danza de miradas cómplices y procedan a charlar si así lo desean. Y si ponés una mesa en el medio, mejor todavía.

De todas maneras, no hay que limitarse a los bancos para fomentar que las personas se sienten y habiten un espacio. Escalinatas, fuentes de agua, monumentos, barandas y hasta muros pueden ser utilizados para sentarse y pasar el rato.
Hace unos años, decidieron prohibir que las personas se sentaran en la famosa Piazza Spagna de la ciudad de Roma. Sí, la misma plaza por la que pasean Gregory Peck y Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma. Si me preguntan a mi, mal urbanismo.

También existen espacios que ya sea que hayan sido diseñados así adrede, como los anfiteatros de plazas como el Parque Ferroviario de Colegiales, o que sean producto de la naturaleza, como las lomas de Plaza Lezama o Barrancas de Belgrano, ofrecen una vista privilegiada. Hay algo, no sé bien qué, en los diferentes niveles del entorno urbano que nos atrae. Perdonen pero no puedo evitar volver a referenciar a la película Antes del Amanecer, que tiene lugar en Viena, una ciudad con muchos desniveles. Y a la que tuve la suerte de viajar hace poco y contar de su política de vivienda asequible y sostenible.
La verdad es que no sé si hay un banco perfecto. Lo que importa es que haya más personas pasando más tiempo en el espacio público. Porque así se generan más actividades opcionales. Pasear, leer, comer, o simplemente ver a la gente pasar. Que, a su vez, dan pie a actividades sociales fortuitas, que pueden ir desde cruzar miradas y una sonrisa, hasta evolucionar a una charla o un juego.
Que haya más personas en un lugar hace que haya más cosas pasando. Y ahí es cuando tiene lugar lo que se conoce como triangulación. Una persona A realiza una actividad (por ejemplo un show callejero) que provoca que las personas B y C, que no se conocen pero ambas están presenciando el espectáculo, comiencen a hablar.
Estudios señalan que los bancos con buena visión de las actividades circundantes se usan más que los bancos con poca o nula visión de otras personas. Algo que en apariencia puede resultar contraintuitivo, tiene todo el sentido del mundo. A las personas nos gusta estar cerca de otras personas. Por eso es que los bancos de las zonas más transitadas de un parque o de una calle son los que más se usan. Y por algo las mesas afuera de los restaurantes se llenan.

Otra investigación, desarrollada en Dinamarca, arrojó que los chicos prefieren jugar en la calle, donde pasan personas, que en sus patios privados traseros. El interés por lo desconocido supera a la comodidad y la seguridad. Y aunque estos dos elementos son centrales para que las personas decidan quedarse en el espacio público, hay formas de suavizar y difuminar los límites entre lo público y lo privado, haciendo más amena la transición.
Por ejemplo, poner bancos en las entradas o los patios delanteros semi-privados de las casas promueve que las personas se conozcan en entornos donde se sienten sanos y salvos. Los famosos stoop, esas escaleras de las entradas de los edificios de Nueva York, son lugares donde los vecinos se cruzan en medio de la rutina y se ponen a charlar. Y donde se celebran ferias y ventas de garage de cosas usadas.

En definitiva, si la gente va a donde hay gente, el objetivo n°1 debe ser generar las condiciones para que haya más personas en la calle, en las plazas, y en toda la ciudad. Y para eso, mobiliario público como bancos o baños públicos, pueden ser la diferencia entre quedarnos o no en esos espacios por más tiempo para que la magia suceda.
Así que ya sabés. Sacá una silla o una reposera a la calle en frente de tu casa (fenómeno conocido como chairbombing). No pidas permiso. Recuperemos nuestras calles, un m² a la vez. O sacale charla al que tenés al lado en la plaza. Hacé Patria. Reconstruí la comunidad. Hoy más que nunca necesitamos volver a encontrarnos.
Es por eso que antes de irme quería extenderte una invitación. El próximo miércoles 19 a las 19hs nos vamos a encontrar en Patio Salguero a ver el documental ¿Cómo ser feliz? de Ofelia Fernández. Si te preocupa cómo los celulares y las redes sociales están afectando la socialización de nuestra generación, anotate acá. La entrada es gratuita.
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Esto es todo por hoy. Nos vemos la próxima. Y como siempre, si querés charlar sobre urbanismo me podés contestar este mail o escribirme por Twitter.
Nico,
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